Según un estudio, reducir la cantidad de sal que se añade a los alimentos procesados no incrementa el riesgo de que tales productos se estropeen y se conviertan en potencialmente dañinos. Quizá serán más cardiosaludables, pero la caducidad será la misma.
Los autores del estudio, efectuado en Irlanda, han descubierto que el crecimiento de bacterias que echan a perder los alimentos "bajos en sal" no se ve afectado por la cantidad de sodio que el fabricante ha incluido en el producto, lo que significa que se conservan igual que los procesados tradicionalmente.