Se trata del receptor NKG2D, presente en las células NK y en los linfocitos T CD8 positivos. Según esta investigación, el aumento del NKG2D junto con algunas moléculas como MICA puede ser una "señal" de la unión de linfocitos T citotóxicos y células NK, lo que contribuye a la destrucción del órgano transplantado.
A este receptor detectado se le pueden unir diferentes ligandos o moléculas, como MICA, que normalmente están presentes a muy bajos niveles en muchos tejidos humanos. El problema es que su presencia aumenta notablemente en situaciones patológicas como infecciones, tumores o inflamaciones. Así, en esta investigación, publicada recientemente en el 'American Journal of Transplantation', se ha percibido el aumento de la presencia de la molécula MICA en individuos transplantados renales en diferentes situaciones adversas como rechazo agudo, nefropatía crónica del injerto o necrosis tubular aguda. Concretamente, el receptor fue detectado en biopsias y orina durante episodios de rechazo agudo y crónico.
En este sentido, los investigadores descubrieron que debido a que esta molécula no se presenta de forma habitual en individuos sanos, sino que aumenta su presencia en situaciones de rechazo, la propia molécula podría servir como una nueva "señal" para la unión de linfocitos T citotóxicos y células NK. Y es que este proceso contribuye a la destrucción del órgano transplantado. Esta forma soluble de la molécula MICA, ya detectada en pacientes con cáncer, se une al receptor NKG2D induciendo su endocitosis y degradación. Además, así disminuye la respuesta citotóxica frente al órgano transplantado.